viernes, abril 19, 2024
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2016: Los retos económicos

En 2016-2018 México registraría un comportamiento más favorable que el de otras economías emergentes en indicadores macroeconómicos como crecimiento del PIB, inflación, exportaciones y déficit de cuenta corriente, no así en el caso de las finanzas públicas (déficit fiscal y deuda pública), lo que sin duda constituye un foco rojo.

En ese marco, los retos que apunta GEA son: una modesta expansión del PIB (2.5% en 2016) inferior a la tasa “natural” de crecimiento de la economía (3%), derivada de un debilitamiento del sector industrial, de la permanencia de malas expectativas de consumidores y empresarios que incidirían en la inversión productiva, y del impacto de los recortes al gasto público en 2015-2016. A ello se sumaría una menor dinámica del comercio exterior (que inició desde julio pasado) con una escasa respuesta al incremento del tipo de cambio. Otro reto será mantener la congruencia entre tipo de cambio-inflación-tasas de interés en un entorno de alta volatilidad financiera internacional y del ya impostergable incremento de las tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, en lo que serán piezas clave la estrategia y oportunidad de la política monetaria del Banco de México, sobre todo para afrontar las presiones inflacionarias.

Sin duda el mayor reto para el próximo año será el manejo de las finanzas públicas; en particular, para subsanar las deficiencias del paquete fiscal propuesto por el Ejecutivo, más algunas que podrían salir de la discusión en el Legislativo, y que en esencia ponen en duda la reducción del déficit del sector público planteada para el año que entra (0.5 puntos porcentuales del PIB en el balance económico). Dicha disminución se basaría en un incremento sustancial de los ingresos tributarios (1.7 puntos del PIB), que compensarían parcialmente la contracción de los petroleros (2.1 puntos del PIB), y en un ajuste del gasto programable (1.8 puntos del PIB, de los que 0.7 correspondería al corriente y 1.1 al de capital).

Ni el aumento de los ingresos –sin cambios al sistema impositivo y con un magro crecimiento de la economía— ni la reducción del gasto operativo parecen factibles. En este caso, se proponen ajustes de más de 15% en términos reales en diez secretarías de estado (algunas particularmente sensibles como Sagarpa, SCT y Gobernación y en las que es muy complejo reducir el gasto); de entre 10% y 15% en seis (entre las que destaca la PGR); y de 1% a 10% en siete dependencias. Sólo en el caso de Sedatu se propone un incremento real del gasto y éste se deriva de cambios de adscripción de áreas de Sedesol a esa Secretaría. A esas dudas habría que agregar la reducción planteada en el gasto en desarrollo social, en el que sólo aumenta el correspondiente a las pensiones de los empleados públicos. El combate a la pobreza quedaría como tarea pendiente.

Aún realizándose ese inverosímil recorte del gasto, el balance primario (ingresos menos gastos sin intereses) sería deficitario en 0.5% del PIB, lo que se traduciría en un incremento adicional de la deuda pública y en la necesidad de mayores ajustes en el futuro. La ausencia de realismo en el paquete fiscal para 2016 implicará extender la austeridad hasta 2017-2018 ya en plena efervescencia electoral. En poco contribuye el paquete fiscal a la credibilidad del gobierno, que está por los suelos.

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