Agenda social y política difícil para EPN

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Comenzando con el uno de septiembre, día de su tercer informe de gobierno, al presidente le será muy difícil traspasar la aduana del descontento social, pues esta primera mitad de su gestión ha sido más que desafortunada y, si pretende seguir la misma línea, no se vislumbra un verdadero proyecto de nación para la segunda parte de su mandato.

La decena de cambios y enroques de la pasada semana en su gabinete no le alcanzarán para sentar certidumbre sobre el rumbo del país, simplemente porque quienes conducen la gobernabilidad del país siguen en sus cargos, sin resolver asuntos de fondo, y además se percibe un claro amiguismo en estos nombramientos, lo cual no garantiza resultados.

En la segunda semana de septiembre, el 12 y 13, se reunirá en la Ciudad de México la Asamblea Nacional Magisterial, donde los docentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, así como de sindicatos de educación media y superior que se encuentran inconformes con la entrada en vigor de la reforma educativa establecerán lineamientos para tratar de impedir su entrada en vigor.

Enseguida, Peña Nieto deberá encabezar la ceremonia del Grito de Independencia la noche del 15 de septiembre, un acto caracterizado durante los dos primeros años de su gestión por la militarización del zócalo capitalino y la presencia de «acarreados». Centenas de autobuses provenientes de los estados circunvecinos a la Ciudad de México transportaron a miles de personas que «animaron» la ceremonia, previo pago en efectivo, regalos y cena. Ahora, conforme el malestar social aumenta, más difícil será acallar la protesta en esta ceremonia multitudinaria, por férreo que sea el control sobre la expresión pública.

Y el día 26 de septiembre se cumple un año de los hechos de Iguala: doce meses de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la muerte de seis civiles, sin contar los heridos y las secuelas que esta noche trágica ha dejado en la sociedad entera. Los padres y familiares, con el apoyo de decenas de organizaciones sociales y estudiantiles, han mantenido vivo el movimiento durante un año en todo el país y el extranjero para exigir justicia y la presentación con vida de los 43 desaparecidos.

Sin duda, al cumplirse un año de esa tragedia en el estado de Guerrero, donde un gobernador fue depuesto, aunque debía ser investigado también, y se obligó a un procurador general de la república a dimitir, diversos grupos sociales y estudiantiles ejercerán presión máxima ante las autoridades federales, tan cuestionadas por tan aberrante construcción de esa «verdad histórica» que acabó por aumentar el encono social hacia las instituciones de procuración de justicia.

Total, le espera un mes muy difícil al presidente y a su equipo. El paso de los días irá definiendo el ritmo y dimensión de las protestas, pero será muy difícil evitarlas sin exponerse a más desgaste político. Es septiembre el mes de la Patria y esta vez los conflictos del país recordarán, en parte, las inconformidades de muchos mexicanos en aquel tiempo, lo cual en ciertos aspectos no ha cambiado por completo.