Austeridad republicana y política exterior

México tiene una amplia, sólida e histórica vida diplomática que le ha permitido consolidarse en el concierto internacional ya sea en materia económica, comercial, migratoria, ambiental, de desarrollo o de paz.

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México tiene una amplia, sólida e histórica vida diplomática que le ha permitido consolidarse en el concierto internacional ya sea en materia económica, comercial, migratoria, ambiental, de desarrollo o de paz. Actualmente se mantienen doce Tratados de Libre Comercio con 46 países (TLCs), 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 países y nueve acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) (fuente: Secretaría de Relaciones Exteriores). Además, nuestro país participa activamente en organismos y foros multilaterales y regionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la ALADI. Nuestra red consular incluye 81 embajadas, 67 consulados y siete misiones permanentes. También se tienen relaciones diplomáticas con 193 países.

Considero que la política exterior es un eje importante para la política pública, ya que fija la posición estratégica del país en el concierto internacional, y apertura los canales de diálogo con los países socios – clave para incentivar las inversiones y el comercio de tal manera que se fortalezca su política económica interna. También regula o trata de mediar los impactos de las fuerzas externas que pudieran incidir ya sea en su economía o en su seguridad nacional; y asegura la promoción de los productos y servicios de los mexicanos en este caso, que son competitivos en el extranjero, lo cual se traduce en generación de ingresos y de empleos.

Por otra parte, son muchos los retos globales que en la actualidad comparten los países: temas como el comercio global, la migración; la seguridad alimentaria, hídrica, ambiental, energética; el combate al cambio climático, terrorismo o el tráfico de humanos, especies y hasta objetos de arte. México no se puede sustraer de esta agenda internacional, ya que de hacerlo quedaría en condición vulnerable.

Recientemente el Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, el morenista Mario Delgado, aseguró que se cancelarían los viajes internacionales a los parlamentarios que asistiría a la 15 Asamblea Anual del Parlaméricas del 9 al 12 de septiembre en Canadá, y al Foro Parlamentario Mundial sobre Desarrollo Sustentable a celebrarse en Bali del 12 al 13 de este mes, como parte de las medidas de austeridad; pareciera que la tónica para el nuevo gobierno federal iría en ese sentido: el de mitigar los gastos que se ejercen por los viajes al exterior.

El pasado domingo 9 de septiembre el periódico Reforma publicó un reportaje pormenorizado de los viajes al extranjero por parte del presidente Enrique Peña Nieto y su comitiva, los cuales ascienden a un monto por el orden de los 250 millones de pesos, y que es el doble que sus antecesores recientes ya que en el caso de Vicente Fox se erogaron 79 millones en 107 visitas, y Felipe Calderón 170 millones en 102 viajes. Peña lleva, a pocos meses de terminar su mandato, 85.

En este sexenio del gasto público se han invertido 53 millones de pesos en hospedaje y alimentación en los viajes presidenciales. La pernocta más cara fue en Nueva York, Estados Unidos, en septiembre de 2016, donde dos días en el hotel The Plaza (clase premier) equivalieron a cuatro millones 977 mil pesos. Calderón, en el 2012, gastó en esa misma ciudad por dos días también un millón de pesos y Fox, en el 2005, 788 mil pesos. El 56 por ciento de los gastos de los viajes se concentran en los aviones presidenciales: 138 millones de pesos en un Boeing 757 (identificado como Benito Juárez), otro Boeing 787 (llamado José María Morelos y Pavón), y el nuevo avión que prometió vender Andrés Manuel que se ha gastado 52 millones de pesos en viajes al exterior. A estos viajes usualmente acompañan al Presidente su esposa, hijos e invitados especiales, de los cuales se ha omitido información a través de los canales de transparencia.

Evidentemente tenemos las dos caras de la moneda: por un lado México puede incurrir en el ostracismo en materia internacional, y ello lo pondría en condición vulnerable; pero tampoco se debería caer en los excesos con gastos de lujo, y en compañía de amigos y familiares.

La política exterior debe evaluarse a través de un gran plan en la materia, donde nuestro país primero clarifique qué papel quiere jugar en la escena internacional, para que a partir de ello los actores estratégicos de la política interna y externa estén sentados en las mesas de negociación o en los foros donde México tenga que elevar la voz a favor de su agenda o de la agenda común, todo ello con indicadores muy claros que se traduzcan en impactos positivos o beneficios tangibles para el país, precisamente para combatir el turismo oficial.

También debería potenciarse la presencia del cuerpo diplomático que reside en cada país, ya que se trata de una élite de funcionarios públicos, con probada capacidad y experiencia que bien podrían hacer las diligencias en la materia, claro está, teniendo los recursos y el personal suficiente, porque hay residencias y oficinas oficiales que necesitan bastante mantenimiento, y demasiadas las tareas que se les piden con pocos recursos humanos (me consta).

Se sobreentiende los porqués de una administración racionada del gasto público, pero hay agendas estratégicas que el país no deberían excluirse, y una de ellas es la internacional. Un justo equilibrio sería lo ideal y ojalá que la próxima administración federal lo visualice así.