México-China-EU, Efecto dominó de la guerra comercial

México y China han seguido un camino similar de industrialización, liberalización económica y reformas políticas, opina Maciej Bazela.

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(Expansión) – Mientras la escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China parece no tener final, crece el número de países afectados por sus efectos secundarios. De acuerdo con la última advertencia del Banco Central Europeo, los aranceles de Estados Unidos apuntan a obstaculizar a Canadá, México, Corea del Sur y la Unión Europea.

Sin embargo, el impacto del nacionalismo económico estadounidense puede ampliarse más dada la complejidad de las cadenas de suministro. Además, el panorama del comercio internacional se encuentra aturdido por las crecientes tensiones entre Washington y Teherán, Ankara, Moscú y Londres.

Los países vinculados a la economía de Estados Unidos o de China corren el riesgo de quedar atrapados entre la espada y la pared. México es uno de ellos y se enfrenta a la desafiante tarea de lograr un hábil equilibrio geoeconómico y geopolítico estando entre las dos economías más grandes del mundo.

La exposición de México es innegable. Según el Atlas de Complejidad Económica de Harvard, Estados Unidos es el destino de 73% de las exportaciones mexicanas y la fuente de 53% de las importaciones de México. La urgencia de diversificar el “mapa de comercio” de México es evidente. Es una cuestión de estabilidad económica, seguridad nacional y mayor competitividad global.

Sin duda, el país ha dado pasos importantes en la dirección correcta al unirse a CPTPP, la Alianza del Pacífico, y alcanzar un consenso general sobre la modernización de su acuerdo comercial con la Unión Europea. México también está interesado en fortalecer sus vínculos diplomáticos con China, incluido el comercio bilateral. Sin embargo, esto es más fácil decirlo que hacerlo.

Aunque México, China y Estados Unidos son socios comerciales entre sí, existen asimetrías en sus respectivas relaciones bilaterales. Tanto Estados Unidos como México registran déficits comerciales significativos con China.

Teniendo en cuenta la importancia de China para las cadenas de suministro y los consumidores finales en la región, se podría argumentar que es un 4° miembro de facto del TLCAN.

México y China no son ni aliados ni enemigos obvios, ambos han seguido un camino similar de industrialización, liberalización económica y reformas políticas. Hoy están más unidos por la exposición al mercado estadounidense y la competencia por el acceso privilegiado a éste.

Otra similitud entre China y México es que ambos deben encontrar una nueva forma de lidiar con la beligerancia del presidente Donald Trump, dado el enfoque de seguridad que Estados Unidos mantiene hacia ambos países. China encerrada en una espiral de aranceles “ojo por ojo”, y México renovando el TLCAN mientras enfrenta la amenaza de un muro fronterizo.

México y China también muestran un patrón de votación bastante similar en la Asamblea General de la ONU. Además, comparten un interés en la reforma de instituciones internacionales como la ONU, el FMI y el Banco Mundial.

Por otro lado, China y México solían tener una relación bastante incómoda en la OMC. China se unió a la OMC en 2001, y en 2002 las exportaciones chinas a Estados Unidos habían superado a las de México, causando la pérdida de más de 672,000 empleos mexicanos en 12 sectores industriales. Sin embargo, en 2005 China eligió a México como socio estratégico. Entre 2006-2016, el comercio bilateral se duplicó, y las inversiones chinas en México alcanzaron los 600,000 millones de dólares.

Los intereses comerciales entre ambos países son enormes. En particular, la IED de China en México tiene como objetivo la infraestructura de transporte, la extracción de petróleo, la energía solar, las telecomunicaciones, los bienes de consumo, los juguetes y los textiles, entre otros.

Por otro lado, México está interesado en exportar a China sus productos alimenticios, electrónicos, calzado, electrodomésticos, maquinaria industrial, productos petroquímicos y productos farmacéuticos. También hay espacio para proyectos empresariales conjuntos en el sector de la aviación, robótica, academia, investigación y desarrollo.

¿Podrán México y China transformar todas las coincidencias y similitudes en una alianza? ¿Podría la reexportación de productos semi-terminados chinos a Estados Unidos ser una base para una relación más constructiva? ¿Podríamos imaginar una colaboración más estrecha entre China, México y Canadá para disuadir las políticas beligerantes de Estados Unidos? ¿Podría la colaboración China-México prevalecer sobre la competencia como proveedores de productos industriales para los mercados desarrollados? Sólo el tiempo lo dirá.