México, a dos fuegos

De cara a la nueva realidad, México está aceptando —a querer o no— la “modernización” del TLCAN

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Permeado entre el electorado estadunidense el discurso agresivo del aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, en reclamo de algo así como después de Estados Unidos el diluvio, la casa de enfrente, los demócratas, está asumiendo posturas similares.

El punto de enlace son los acuerdos internacionales en materia de intercambio mercantil, en un escenario que revive viejas banderas proteccionistas.

De entrada, tirios y troyanos coinciden en no llevar al Senado la ratificación de los acuerdos negociados con once países para el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica, conocido por sus siglas como TPP.

Las pancartas en la fiesta demócrata de ungimiento como candidata de Hillary Clinton hablaban de No al TPP.

Del otro lado de la pista, mientras para Trump la única posibilidad de sobrevivencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte es que México acepte sus condiciones, es decir no más migrantes, con opción de expulsar a los actuales, la señora Clinton habla de “modernización”.

Barreras ajenas

El punto común es el superávit histórico que nuestro país ha mantenido en la balanza comercial, por más que la mayor parte del flujo de exportaciones se ha inclinado hacia mercancías complementarias de la producción de la nación vecina, y por más que de vez en vez se nos colocan barreras ajenas a la causa mercantil: las restricciones al ingreso de atún mexicano con el pretexto de razones humanitarias en protección de delfines en la fase de pesca; supuestas omisiones fitosanitarias en la exportación de carne de res.

Ante la exigencia de algunos sectores de revisar algunos capítulos delTLCAN sobre todo en materia de solución de controversias, la Secretaría de Economía había dicho que el escenario se corregiría al supeditar la relación al marco mayor que representaba el TPP.

El caso es que este, diseñado para contrarrestar el poderío chino, se desvanece.

De cara a la nueva realidad, México está aceptando —a querer o no— la “modernización” del acuerdo mercantil a 21 años de su puesta en escena, aunque se desliza la palabra “actualización”.

El hecho es que modernizado o actualizado el escenario sigue siendo desequilibrado para el país, con escasas posibilidades de que en la nueva negociación se reconozcan las asimetrías económicas.

Mientras Estados Unidos, para no enredarlo en cifras aparatosas, tenía en 2015 un Producto Interno Bruto equivalente a 24.55% mundial, México apenas arañó 1.59 por ciento.

A nivel per cápita, es decir en promedio individual, el ingreso en el país de allende el Bravo es de 43 mil 938 dólares; el de nuestro país alcanza nueve mil 592.

Y para qué hablar de potencial productivo o de subsidios al campo.

El problema de México es que 85% de los 380 mil 772 millones de dólares que exportó en 2015 se fue a un solo mercado… el de Estados Unidos, naturalmente.

La tradición nace desde la época porfiriana, cuando 74% de las mercancías que salían al exterior apuntaban al país de las barras y las estrellas.

El TPP era la esperanza de diversificar mercados bajo reglas de apertura, ya fuera Japón, Nueva Zelanda, Australia, Chile…

Se diría, pues, que la apuesta por Clinton sería la menos mala para el país.