Cruce entre Brasil y Argentina por el libre comercio mundial

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Para el presidente brasileño Lula da Silva, la cumbre presidencial del G-20 financiero en Washington, el sábado pasado, tuvo un compromiso: concluir dentro de unos días las negociaciones de liberalización comercial, en agricultura e industria, la bautizada Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio. Ayer lo volvió a decir: "Sería una señal extraordinaria para enfrentar la crisis financiera. Si el comercio vuelve a fluir con facilidad tendremos chances de conseguir que esa crisis sea más corta".Pero la posición de Brasil tiende a revitalizar fricciones con Argentina. Fuentes diplomáticas argentinas dijeron que el gobierno de Cristina Fernández no ve las ventajas de retomar ahora discusiones por el libre comercio que puedan redundar en una apertura en el segmento industrial, como la que demandan los países ricos a cambio de concesiones en el área agrícola consideradas "insuficientes". Los brasileños piensan, y Lula lo ratificó ayer, exactamente lo contrario. Tanto que Brasil ya empezó a discutir con los funcionarios argentinos la necesidad de cumplir con lo que se firmó en Washington. "Yo les confieso que en estos 6 años que llevo en la presidencia esa fue tal vez la reunión multilateral más importante en la que participé. Entre otras cosas, porque había consenso en no volver al proteccionismo", dijo Lula ayer.En Buenos Aires dudan de que tal acuerdo de la Ronda de Doha sea posible. Sencillamente porque ninguno de los emergentes estará dispuesto a abrir sus mercados a productos industriales de los países avanzados (con recortes fuertes en la protección a la industria nacional) cuando lo que está en juego precisamente es preservar la producción doméstica, hacerla crecer en lo posible y generar empleo. Desde el punto de vista político, sería contradictorio apoyar una regulación mayor de los mercados financieros mundiales y, al mismo tiempo, abrir mercados sin tomar en cuenta las situaciones nacionales en una crisis sin precedentes. Algunos analistas sostienen que la apertura de los mercados de los países emergentes sería una salida para Europa y para EE.UU. en un momento en que entraron en recesión y cuando se estima que los únicos países que todavía podrían crecer son aquellos en desarrollo. Para europeos y estadounidenses sería una válvula de escape para la presión generada por la caída de producción y empleo de ramas clave como la automotriz, textil, metalúrgica y electrónica. La Ronda de Doha tuvo su inicio en 2001, con el objetivo fundamental de llegar a un acuerdo en la liberación del comercio agrícola. El plan era finalizar esa negociación en 2005. En julio pasado, hubo un intento final que fracasó. Y nada permite suponer el éxito de la cita que la OMC convocó para el 10 diciembre próximo con el objeto de retomar las discusiones. Según la Cancillería argentina, el fracaso de la última reunión de la Ronda de Doha, en julio último en Ginebra, obedeció a que "había un fuerte desequilibrio en el paquete final: muchas indefiniciones en agricultura y una demanda exagerada de cortes arancelarios" en materia industrial a los países en desarrollo, entre ellos la Argentina. También existió un proceso "de escasa transparencia" en las negociaciones. Fuente: http://www.clarin.com