La decisión estadunidense para rescindir su requisito de país de origen en el etiquetado (COOL, por sus siglas en inglés) para la carne de América del Norte es un regalo de Navidad para los productores canadienses y mexicanos de carne de vacuno.
También es una lección objetiva y una estrella que ilumina el camino hacia una nueva era en las relaciones entre Canadá y México.
Dada la recién anunciada decisión estadunidense para aumentar las tarifas del servicio de inspección sanitaria animal y vegetal (APHIS) para cuarentena agrícola y la inspección en los puertos de entrada, el éxito de la alianza México-Canadá en COOL adquiere aún más importancia. La propuesta propone duplicar los costos de inspección sobre transpondedores de camiones y aviones comerciales. En algunos casos, las mercancías procedentes de los países vecinos de Estados Unidos podrían encontrar tasas más altas que las mercancías procedentes de Asia.
Para Canadá y México, el mero hecho de que el irritante COOL haya terminado no significa que el cabildeo y la divulgación en EU se puedan disminuir. Lo que se invirtió en la lucha contra COOL probablemente representa lo que se debe invertir, año tras año, en la divulgación en EU.
El mercado de Estados Unidos TODAVÍA es el más grande, más rico y, a pesar de los irritantes, todavía el mercado más fácil donde hacer negocios para los productores de ambos países.
Pero no hay tal cosa como un almuerzo gratis. Los irritantes comerciales probablemente sigan como una característica definitoria de la relación comercial de Estados Unidos con sus vecinos.
Así que, ¿qué pueden hacer Canadá o México?
Hay un par de opciones, empezando por estudiar y aplicar las lecciones de la más reciente disputa comercial; pero, en primer lugar, es importante entender por qué estos irritantes comerciales siguen apareciendo.
Cuando los estadunidenses piensan acerca de la relación comienzan con la creencia de que Canadá y México tienen un gran trato con su acceso único y privilegiado al mercado estadunidense. Con más o menos mil millones (de dólares) diarios en comercio que cruzan cada frontera todos los días, las quejas sobre los irritantes comerciales como COOL, que, se estima, costarían a Canadá “sólo” un mil millones al año, o menos, de un día de comercio bilateral, parecen incomprensibles o poco importantes para los estadunidenses.
Pero, en base a pasadas experiencias, y la aparición de los irritantes de APHIS, si los irritantes como COOL son una característica propia de la relación, entonces invertir más en recursos para anticipar y reaccionar a ellos parece una buena respuesta de sentido común de ambos países.
Un camino económico para que ambos países hagan esto es la combinación de recursos.
Para Canadá, un país con sólo 16 misiones en Estados Unidos después de los recortes de 2008, un aliado que entiende perfectamente nuestra frustración y que está en 51 distritos del Congreso, es un activo bueno e indispensable.
La cooperación entre Canadá y México fue esencial para el éxito en COOL, como lo demuestra la decisión de la OMC de conceder a ambos países el derecho de imponer sanciones de represalia en contra de Estados Unidos. La alianza de Canadá y México en este tema ha sido uno de los callados éxitos diplomáticos de ambos países en América del Norte.
Y tiene sentido. Por mucho que en Canadá nos quejamos de irritantes como los costos de COOL y APHIS, México es tan vocal en su lado de la frontera como en su embajada en Washington DC y a través de sus 51 consulados en EU.
Esta cooperación es tan importante en el ámbito de las provincias (estados), donde los irritantes se dejan sentir con mayor fuerza, como en el ámbito federal.
Mientras los gobernadores mexicanos visitan Canadá, ése no es el caso de los primeros ministros de las provincias canadienses, especialmente de las del oeste. El último canadiense en hacerlo fue Gary Doer, de Manitoba, en 2008.
Eso tendrá que cambiar.
Es hora de una vuelta de la victoria en Canadá y en México en el final de COOL. Pero antes de dejarnos llevar, podríamos, debiéramos, querer pensar en construir sobre nuestro éxito antes de que se olviden las lecciones aprendidas y nos encontremos, una vez más, frente al siguiente irritante comercial que los estadunidenses tiran en nuestra dirección colectiva.
