Durante el último mes del 2015, el mundo observó con asombro el conjunto de alertas rojas derivadas de los niveles de contaminación en Beijing, así como de otras ciudades al noreste de China, como Jilin y Liaoning.
En la primera alerta, el aire de Beijing, una ciudad de poco más de 20 millones de habitantes (aproximadamente un cuarto de toda la población mexicana), alcanzó un nivel más de 10 veces superior a lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en términos de la concentración de PM 2.5.
México no está exento de este tipo de problemáticas ambientales. A la par que Beijing, en la ciudad de Salamanca, Guanajuato, se decretaron cinco precontingencias ambientales por las elevadas concentraciones de PM 10 durante diciembre.
La más grave de éstas alcanzó una concentración de alrededor de 200 PM 10, alrededor de 4 veces lo recomendado por la OMS, rebasando los estándares de la Norma Mexicana.
Las partículas de suspensión (PM, por sus siglas en inglés) son peligrosas, activadas por las combustiones fósiles, las cuales penetran fácilmente las vías respiratorias provocando graves enfermedades.
En Beijing, el principal motor de contaminación son las emisiones derivadas de la elevada producción industrial en esta región, así como el uso de carbón para la generación de energía eléctrica, uno de los combustibles fósiles más contaminantes.
De hecho, alrededor del 80% de la demanda energética de China proviene de combustibles fósiles[1]. Consecuentemente, la contaminación ha transformado el estilo de vida en esta ciudad. En un día cualquiera, no es extraño ver cómo sus habitantes monitorean continuamente el nivel de contaminación por medio de sus celulares, e inclusive gran parte de ellos utilizan mascarillas al realizar sus actividades en el exterior.
En diciembre del 2015, como parte de las medidas precautorias ante los altos niveles de contaminación, el gobierno de este país ordenó el cierre de escuelas y suspendió la operación de diferentes fábricas de manera temporal.
La economía de Beijing, así como la de China, se incentiva por su alta producción industrial. El hecho de que el gobierno de Beijing haya decidido sacrificar parte de su producción refleja la gravedad de la situación actual. Después de implementar esta política, se ha observado que el cierre de fábricas es efectivo para disminuir el nivel de contaminantes.
En las siguientes imágenes se puede observar un comparativo entre el 14 y 15 de diciembre en Beijing, siendo el último de estos días cuando se implementó el cierre de fábricas.
Visibilidad, antes y después del cierre de empresas. (Imágenes: Personal de CIDAC, en la primera reunión rumbo al G-20 en Beijing, China)
En Salamanca, la problemática de contaminación ha sido históricamente inducida por la refinación de petróleo. La problemática cobra relevancia a nivel nacional, ya que recientemente se han anunciado nuevas inversiones en 3 nuevas refinerías en México.
Ante la problemática ambiental que este tipo de actividad económica representa será necesario contar con una política pública y un plan de mediano plazo para solventar las posibles emergencias ambientales.
Durante diciembre, Beijing se vio obligado a suspender clases, la circulación del 30% de los autos oficiales y el cierre temporal de miles fábricas y construcciones.
Esto, sin contar las afectaciones a la industria, el comercio y el turismo, cuya demanda decreció debido a la inviabilidad de estar en el exterior por periodos prolongados.
Asimismo, al inicio de este año el gobierno de Beijing anunció el cierre obligatorio y permanente de 2,500 empresas altamente contaminantes. En México todavía estamos a tiempo de evitar este escenario extremo.
En la actualidad existen otras políticas públicas que se pueden implementar para mitigar la contaminación, antes de que sea demasiado tarde. Una de éstas es la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles.
Por ejemplo, actualmente en México el gobierno subsidia las tarifas eléctricas para 98.75% de los hogares, generando la mayor parte de la energía eléctrica por medio de fuentes fósiles.
Los subsidios a los combustibles fósiles elevan los niveles de contaminación y la incidencia de enfermedades respiratorias mediante el aumento de gases de efecto invernadero (GEI).
A nivel mundial, se estima que si estos subsidios fueran eliminados por completo en el 2020, las emisiones de GEI en todo el orbe serían 10% menores en el año 2050.
Las ciudades industriales, aquí y en China, necesitan una planeación de largo plazo para mitigar la contaminación. En México estamos en el momento idóneo para establecer una política de prevención. Los gobiernos deben integrar la mitigación de la contaminación al plan de desarrollo económico de las distintas regiones del país.
En ciudades como Salamanca, ésta es ya una problemática seria, y de no establecer medidas preventivas, este escenario solamente se agravará a lo largo del tiempo, con el simple aumento en la población y producción.
