Se duplicó la flota de los buques científicos mexicanos

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Las investigaciones científicas sobre los mares de México crecen aceleradamente.

Desde diciembre de 2013 el número de buques laboratorio con bandera mexicana se duplicó al pasar de tres a seis, lo que permite realizar 55 cruceros de investigación cada año. Estas naves estudian el mar territorial y la vasta Zona Económica Exclusiva (ZEE) del país, que miden 3 millones 149 mil kilómetros cuadrados, es decir 1.5 veces el tamaño del territorio continental o tierra firme nacional.
Hasta ahora los barcos científicos mexicanos han elaborado mapas del suelo marino en regiones que llegan a 6 mil metros de profundidad.

También han descubierto grandes poblaciones de especies animales de valor comercial como la merluza y el langostino; han medido los efectos de derrames petroleros en fondo del Golfo de México y documentado fallas geológicas y cambios de temperatura en las aguas marinas provocados por el fenómeno de El Niño.

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“Los océanos, al igual que el cosmos, aún encierran muchas incógnitas. Hay cálculos que estiman que el 95 por ciento de los océanos y el 99 por ciento de la superficie marítima están todavía inexplorados”, indicó el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Enrique Cabrero Mendoza, cuando entregó, el año pasado, en Baja California el más nuevo de los buques oceanográficos de México: Alpha Helix.

La flota científica mexicana incluye dos barcos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que operan desde 1981 y 1983, llamados Puma y Justo Sierra; un barco del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor) en funciones desde 2005 con el nombre BIPXII; así como los tres barcos más nuevos entregados entre diciembre de 2013 y febrero de 2015: el BIPO, del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), el UAT 1 CIDIPORT, de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), y el Alpha Helix, del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE).

Otro barco científico que formó parte de la flota mexicana pero ya ha sido retirado fue el B/O Francisco de Ulloa, de CICESE, que realizó más de 300 cruceros científicos a lo largo de 20 años. Tanto CICESE como Cibnor son parte de la red de 27 Centros Públicos de Investigación del Conacyt.

AGUAS NACIONALES. Se estima que 12 millones de personas dependen económicamente del mar en México, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Acuacultura de la Sagarpa. 306 mil personas laboran directamente en las actividades pesqueras pero a ellas hay que sumar a los trabajadores de la industria petrolera, los de transportación marítima y el turismo, más los familiares que dependen económicamente de los casi tres millones de trabajadores del mar.

En1973 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la convención llamada Derecho del Mar, que creó el concepto de Zona Económica Exclusiva (ZEE), definida como la franja marina comprendida desde la línea de costa hasta las 200 millas náuticas (370 km) mar adentro.

Para los estados ribereños esta área representa la jurisdicción exclusiva sobre los recursos que allí se encuentran. En 1975, México introdujo el concepto de ZEE en el artículo 27 de la Constitución Política y se incorporó como parte integrante de su patrimonio nacional.

En este contexto, las universidades, institutos y centros públicos de investigación mexicanos que cuentan con buques oceanográficos han invertido cerca de 10 millones de dólares para contar con transporte y equipos que permiten estudiar y hacer recomendaciones para el aprovechamiento sustentable de la ZEE.

CIENCIA MAR ADENTRO. De acuerdo con la Coordinación de Investigación Científica de la UNAM, las actividades de los buques varían de acuerdo con el programa establecido por los usuarios.

Los trabajos de la flota científica mexicana abarcan trabajos como los registros de temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, turbiedad, fluorescencia y corrientes; muestreos de agua entre la superficie y el fondo para la determinación de sales nutrientes, partículas en suspensión y microorganismos; muestreo de la fauna bentónica mediante dragas, redes de arrastre, y nucleadores en aguas someras y a grandes profundidades.

También se realiza la obtención de núcleos del suelo submarino; registros del suelo submarino mediante hidroacústica; observaciones meteorológicas de viento, temperatura, presión, humedad y aerosoles; instalación y recuperación de equipos anclados a grandes profundidades; apoyos a buzos y vehículos submarinos; apoyos logísticos para estudios de islas y áreas costeras de difícil acceso desde el interior del país; educación y entrenamiento de campo en las ciencias del mar.

Algunos de los equipos y servicios tecnológicos con los que cuentan los buques científicos mexicanos son los siguientes:
Ecosondas multihaz para aguas profundas, para topografía tridimensional detallada del lecho submarino hasta 8 mil metros de profundidad.
Ecosonda multihaz para aguas someras, para similar topografía hasta mil metros.

Ecosonda de penetración (perfilador) para el registro estratigráfico del lecho submarino.

Nuevos dispositivos digitales de navegación y seguridad
Sistemas satelitales de comunicación, telefonía e internet de banda ancha.

La UNAM cuenta con un vehículo submarino de control remoto (ROV) para la detección y visualización de organismos y objetos sobre el fondo y en la columna de agua subyacente.

FAMILIA VIAJERA. Si se contabilizan los recorridos que hacen los buques oceanográficos cada año rebasan los 80 mil kilómetros, lo que significaría dar dos veces la vuelta al planeta por su parte más ancha. Éstos son los navíos que actualmente están al servicio de la comunidad científica mexicana:

Puma, de la UNAM, tiene su puerto base en Tuxpan, Veracruz, e inició operaciones en 1981. Entre los miembros activos de la flota oceanográfica mexicana los decanos son los barcos gemelos de la UNAM (Puma y Justo Sierra), que cuentan con más de 30 años de operaciones. Ambos fueron construidos en Noruega y cuentan con la capacidad y flexibilidad adecuadas para trabajar en la ZEE mexicana.

En 2007 fueron renovados y sus equipos científicos fueron modernizados, aunque desde su origen se diseñaron para atender una amplia gama de observaciones y muestreos oceanográficos, tanto en las áreas someras como las profundas de los mares adyacentes, hasta profundidades máximas de 6 mil metros y en las condiciones más adversas de tiempo y mar que suelen presentarse en estas zonas, como son los huracanes, “nortes” y tormentas.

Justo Sierra, de la UNAM, tiene su puerto base en Mazatlán, Sinaloa, e inició de operaciones en 1983. Los buques de la UNAM prestan servicios mediante campañas o cruceros oceanográficos con grupos de hasta 21 investigadores y sus asistentes.

Las embarcaciones son utilizadas para fines de investigación tanto por entidades de la UNAM, como, vía fletamento, por otras entidades y compañías nacionales y extranjeras.
En el periodo 2000-2006 los buques oceanográficos realizaron 120 campañas, para un recorrido total de 206.9 miles de millas náuticas o unas 9.6 vueltas al globo terráqueo.

El promedio de millas náuticas por campaña fue de 1 724, el de días fue de 13.9, y el de participantes de once. El Puma navegó 804 días y 105.7 mil millas náuticas en 66 campañas, y el Justo Sierra 860 días y 101.2 mil millas náuticas en 54 campañas.

En los últimos años, la actividad de fletamento de los buques oceanográficos ha sido una fuente de ingresos cada vez más importante, para beneficio de su mantenimiento y equipamiento.

Buque BIPXII, del Cibnor, tiene su puerto base en La Paz, Baja California Sur e inició operaciones en 2005. Aunque fue construido en 1982, el barco científico del Cibnor realiza funciones científicas desde 2005. Opera bajo un convenio de comodato entre Inapesca y el centro Conacyt.

Realiza un promedio de 9 cruceros por año. Su área de trabajo principal es desde la zona norte del Pacífico mexicano, hasta los estados de Jalisco y Michoacán e incluye el Golfo de California.

Entre las labores de colecta de información más importantes de este barco están la prospección de camarón de profundidad, hasta 500 metros; muestreos de camarón, calamar y sardina; muestreos de hidrología mediante colecta de agua a diferentes profundidades; muestreos de sedimentos colectados con draga Petersen; manejo de trampas; observación de mamíferos marinos, así como coleta e instalación de equipos oceanográficos.

Buque BIPO, del Inapesca, tiene su puerto base en Mazatlán, Sinaloa, e inició  en 2013. En diciembre de ese año México recibió uno de los buques oceanográficos más modernos del mundo, llamado BIPO, tras 18 meses de trabajos de construcción en el Puerto de Vigo, España.

En el momento de recibir oficialmente el barco, el director general del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), Raúl Adán Romo Trujillo subrayó que esta embarcación operará, en una primera etapa, en el Pacífico norte, donde se tienen planeados cruceros de investigación en zonas en las que hay evidencia de la existencia de bacalao negro, cangrejo, camarón y calamares de profundidad.

El barco cuenta con siete laboratorios con instrumental y equipo de alta tecnología para el análisis de las especies, y otros estudios oceanográficos.

Está equipado con tecnología de punta, por lo que cuenta con un potente sistema de propulsión diesel – eléctrico con baja emisión de ruido, moderno equipo de navegación y cubierta de alta tecnología (sistema satelital, plataformas y grúas para alto tonelaje, sistema de iluminación, entre otros).

Además, está dotado de instrumentos hidroacústicos y científicos de última generación para localización y evaluación de recursos pesqueros y estudios oceanográficos en las profundidades marinas.

Buque UAT-1-CIDIPORT, de la UAT, tiene su puerto base en Altamira, Tamaulipas e inició operaciones en 2014. En marzo de ese año, el gobernador Egidio Torre Cantú, y el rector de la UAT, Enrique Etienne Pérez del Río, abanderaron el buque oceanográfico UAT-1-CIDIPORT, para la investigación de los sistemas costeros. Este barco es conocido con el sobrenombre de “El correcaminos marino”, por la mascota de la universidad.

El buque oceanográfico UAT- 1- CIDIPORT y sus laboratorios tienen la capacidad de desarrollar campañas de investigación hasta por 30 días en altamar, podrá albergar 14 tripulantes y un equipo de 21 científicos. Los estudios que realiza ponen énfasis en los litorales y el impacto de la actividad humana sobre ellos.

También busca apoyar en trabajos de exploración y explotación sustentable de hidrocarburos presentes en el Golfo de México con estudios de caracterización del fondo marino y estudios geofísicos para la evaluación de recursos petroleros en aguas profundas.

Alpha Helix, del CICESE, tiene su puerto base en Ensenada, Baja California, e inició operaciones en 2015.

Es el más nuevo de los buques oceanográficos de México es Alpha Helix, propiedad del CICESE. Guido Marinone, director de la División de Oceanología del CICESE, informó durante la ceremonia de abanderamiento que la adquisición de la nave fue posible gracias a las aportaciones hechas por el Conacyt (80% del costo total) y del CICESE. La inversión total por la adquisición del buque y su equipamiento ascendió en números redondos a 44 millones de pesos.

El Alpha Helix cuenta con tres malacates (winches): uno para lances hidrográficos, otro para arrastre de redes y uno más para lances profundos (5 mil metros). Cuenta además con ecosonda científica, fluorímetro, termosalinómetro para muestreo continuo y diverso equipo de laboratorio.