Al cerrar 2011, uno de los temas a reflexionar es cómo cierra nuestra moneda frente al dólar de Estados Unidos, así como la dificultad de negociar con esta divisa por las diversas restricciones que han puesto nuestras autoridades financieras para que, tanto personas físicas como morales, puedan comprar y depositar en sus cuentas bancarias esta divisa.
‘The Economist’, en su número del 10 al 16 de diciembre pasados, hace un interesante análisis sobre la situación del peso mexicano, digno de tomarse en consideración para conocer el estado actual de nuestra moneda. La revista menciona que dólares y pesos cruzan la frontera entre los dos países más que nunca. Los 400 billones de dólares por comercio exterior en 2010 hicieron de México el principal socio de Estados Unidos en este ramo, después de Canadá y China.
Según ‘The Economist’, entre julio y noviembre de 2011, el peso ha caído frente al dólar en 19%, el nivel más bajo desde la crisis financiera de 2009. A pesar de cierta mejoría, su resultado en la segunda mitad de 2011 ha sido el más débil comparado con cualquier país de América Latina.
Existe un nerviosismo generalizado en países emergentes por la economía global, gracias a la crisis de deuda en la zona del euro, que ha hecho a inversionistas salirse de monedas exóticas e irse a otras más seguras.
La revista considera que hay más factores que han propiciado la caída del peso. México tiene más fuertes relaciones comerciales con Estados Unidos que cualquier otro país latinoamericano:
– Casi 80% de las exportaciones de México van hacia EU.
– Brasil, en contraste, envía menos de la mitad de sus exportaciones a países ricos.
– Las malas noticias en Estados Unidos le pegan duro al peso.
La mayoría de los analistas pronostican que el peso se va a apreciar el siguiente año. Es frustrante para México, que depende más de los eventos que ocurran en Europa y Estados Unidos, de lo que pase en el país.
Mercado negro
Durante mi estancia en mi tierra, Baja California, en esta época de Navidad y Año Nuevo, he podido constatar que pesar de lo mencionado arriba y que el dólar está por los cielos, la necesidad de esta divisa, sobre todo en estas zonas fronterizas, es importante, tanto para liquidar operaciones de comercio como para compras, como las realizadas por personas comunes y corrientes, como el que aquí escribe. He podido recabar testimonios sobre las dificultades que provocan las restricciones impuestas para operar con esta divisa.
Considero que es momento de replantear controles más eficaces para evitar el lavado de dinero, más allá de la simple restricción de la operación con dólares, medida que, en su momento, fue oportuna y una solución inmediata a ese gran problema del gran volumen de efectivo en esa divisa, que circula hacia nuestro país procedente de la droga en Estados Unidos.
Algunos de los problemas que muy probablemente han generado estas medidas bien intencionadas, son:
– Un cada vez mayor mercado negro de dólares, que opera al margen de la Ley.
– La apertura de cuentas bancarias en el extranjero, por nacionales que tienen negocios legítimos y que requieren recibir depósitos en dólares.
– Una mayor transaccionalidad de grandes sumas de pesos en efectivo, que en muchos casos sólo son consecuencia del cambio de divisas en dicho mercado negro.
– Los centros cambiarios a nivel nacional, pero sobre todo los que operan en la franja fronteriza mexicana, se han visto afectados al ser considerados por instituciones financieras como negocios susceptibles a ser utilizados por lavadores de dinero, situación que les hace muy difícil poder establecer relaciones comerciales con bancos nacionales y, por consiguiente, muchos de ellos han desaparecido.
Es importante que esta situación se revierta, pues los centros cambiarios que demuestren tener controles robustos en materia de prevención de lavado de dinero no deberían tener problemas para abrir cuentas con instituciones financieras, haciendo de esta forma, más ágil y confiable la compra-venta de dólares para el ciudadano común, que realiza actividades lícitas comerciales.
Dedico esta columna a mis amigos de Ensenada, Baja California: Juan, Iván, Enrique, Rubén, Óscar, Matías, Manuel, Neto, Pedro y Raúl. Me dio mucho gusto verlos de nuevo. Y también la dedico a ustedes, queridos lectores: mis mejores deseos para este nuevo año 2012. Que haya mucha salud, paz y éxitos.
