El presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, aterrizará la próxima semana en Brasil dispuesto a pasar la página de una reciente crisis comercial entre las dos mayores economías de América Latina.
Pero aunque su encuentro con la presidenta Dilma Rousseff se refleje en más comercio e inversiones, resucitar las truncadas negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) parece improbable mientras no cicatricen las heridas abiertas por una reciente disputa por el comercio bilateral de autos.
En un rebrote de proteccionismo, Brasil impuso a comienzos de este año a México la suspensión temporal de un acuerdo de libre comercio de autos que debía servir de preámbulo para un futuro TLC, lo que enfrió las relaciones.
Eso sólo empeoró el temor de la agroindustria mexicana a la liberalización del comercio.
Tras la victoria electoral de Peña Nieto, Rousseff rompió el hielo al levantar el teléfono para felicitarlo.
“Le expresó que queremos retomar las relaciones con México y darles mayor consistencia”, dijo a Reuters el asesor de asuntos internacionales de Rousseff, Marco Aurelio García, que participó en la llamada.
Consultado si la presidenta había invitado a Peña a reanudar las conversaciones para un TLC, García dijo: “Hay un camino muy grande a ser explorado dentro de los marcos actuales”.
Del otro lado de la línea, cautela.
“Hay la invitación y la intención de ampliar las relaciones estratégicas”, dijo a Reuters Emilio Lozoya, asesor de asuntos internacionales de Peña Nieto durante la campaña y barajado como posible futuro secretario de Relaciones Exteriores.
“Los detalles de si sería un TLC o acuerdos sectoriales están por verse, pero el principio de nuestro lado es que debemos explotar la complementariedad de nuestras economías”, añadió.
Brasil y México llevan más de 15 años jugueteando con un elusivo TLC. Las negociaciones naufragaron antes en el 1997 por reservas de Brasil y nuevamente en el 2010 por dudas de México.
Pero pese a todos los intentos fallidos, la idea de eliminar las barreras comerciales entre las dos mayores economías de América Latina no pasa de moda.
Los actuales problemas con sus socios de la unión aduanera sudamericana Mercosur y el frenazo de su economía renovaron el interés de Brasil por México. Es contra ese telón de fondo que Rousseff recibirá a Peña Nieto el 20 de septiembre en Brasilia, en lo que García llamó “un encuentro de conocimiento”.
Pero todo dependerá de si hay o no “buena voluntad”, indicó Lozoya, echando mano a una expresión muy usada por diplomáticos y empresarios mexicanos tras el fiasco del acuerdo automotor.
ETERNOS DESENCUENTROS
Welber Barral, un ex secretario de comercio exterior brasileño que encabezó en el pasado las negociaciones del TLC, viajó ocho veces a México en el 2010 para negociar un acuerdo que, recuerda, parecía al alcance de la mano.
“Era un acuerdo ambicioso”, dijo durante un reciente foro de inversiones en Sao Paulo. “Más comprensivo inclusive que el que tenemos con el Mercosur. No abordaba sólo acceso a mercado, sino reglas aduaneras, reglas sobre servicios e inversiones”.
Hoy Barral es más prudente: “Una negociación Brasil-México va a ser muy lenta”, comentó.
Un TLC podría tener un impacto significativo sobre los 9.000 millones de dólares negociados entre ambas naciones en el 2011, que representan menos de un 2 por ciento del comercio total de cualquiera de los dos países.
México podría reducir su dependencia a los ciclos de la economía de Estados Unidos y Brasil ganaría acceso a un mercado de 115 millones de habitantes para sus productos básicos.
El sector privado brasileño dice estar listo.
“El temor a que Brasil derrumbe el mercado mexicano es infundado”, dijo Ricardo Santin, director de mercados de Unión Brasileña de Avicultura, la mayor industria de pollos del mundo que no logra colocar ni un solo muslo en México.
“Si este es el momento o no es una valoración de los mexicanos. Por nuestra parte estamos listos para empezar a negociar”, añadió.
Pero los empresarios brasileños saben que será complicado, sobre todo después de la imposición este año de cuotas a las importaciones de autos mexicanos, que dispararon el déficit comercial con ese país a 1.170 millones de dólares en el 2011.
El Ministerio de Comercio Exterior, a sólo unas cuadras de su palacio presidencial de Planalto en Brasilia, aún no recibió instrucciones de reactivar las negociaciones, según una fuente.
Una forma de aproximarse sería mediante acuerdos sectoriales en siderurgia, petroquímica o alimentos. Otra sería aprovechar el interés de Peña Nieto por replicar el modelo de la petrolera brasileña Petrobras para darle más independencia a la estatal Pemex .
“Hay espacio de cooperación. México es un país con el que nos interesa tener una relación más estrecha”, dijo García, el asesor de Rousseff.
