La desaceleración industrial, el aviso

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El reporte de la caída de la producción industrial de Estados Unidos en el mes de enero y el retroceso del PIB de la Unión Europea ponen en claro que la desaceleración global sigue su marcha. En el caso de México la situación no es diferente. Para diciembre la actividad fabril tuvo una variación anual de -1.1%, cifra que confirma los argumentos que habíamos adelantado en reportes previos: la industria mexicana se ha contagiado de la menor dinámica norteamericana.

Adicionalmente se terminó la tregua que el sector de la construcción había vivido en los dos años previos, la caída de 5% en diciembre tiene como telón a un mercado interno sin la fuerza suficiente para mantener la expansión: las grandes obras y la edificación no solamente han moderado su paso, en realidad exhiben tasas negativas que pueden causar una nueva crisis en el sector.

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Evidentemente se corre el riesgo de que esto afecte a otras ramas de la economía, principalmente a los servicios. Parte del mecanismo se da por la inversión y el empleo, los cuales terminan por afectar al consumo privado. En consecuencia no puede dejarse de fuera la posibilidad de que durante el 2013 la economía registre un crecimiento inferior al 3%, y de no revertirse esta tendencia es probable que algunos sectores de la industria presenten tasas negativas durante una buena parte del año.

Dicho escenario es poco deseable, fundamentalmente porque ello inhibiría el desarrollo del mercado laboral, en donde la factura se traduce en desequilibrios sociales, en forma de pobreza. La capacidad limitada que la economía para dar empleo formal incide sobre la política social: los programas de lucha contra el flagelo de la pobreza se estrellan contra el dique que ha formado la precarización del mercado laboral, y en donde la desaceleración industrial incrementa el desafío a resolver.

Por tanto, la Cruzada Nacional contra el Hambre enfrentará no únicamente la dificultad de obtener mejores resultados en un aspecto contra el cual poco ha podido hacer el actual modelo económico, ahora deberá hacer frente a un menor dinamismo industrial.

Algo similar ocurrirá respecto a la Reforma Laboral, enfrentará su primera prueba a tan solo unos meses de haberse aprobado y habrá que observar si será capaz de revertir el entorno negativo que se configura.

De acuerdo a las cifras del cuarto trimestre de 2012, las condiciones mercado laboral no fluctuaron de manera significativa respecto a lo reportado en el trimestre previo, por lo que la pobreza se mantiene.

El retroceso y desaceleración industrial no son responsabilidad del nuevo gobierno, forman parte de la herencia y de las fallas del modelo económico, sin embargo la implementación de medidas que eviten una desaceleración mayor si son de su competencia. Evitar caer en la tentación de negar el escenario que se está configurando y aplicar cambios es algo esencial.

Una nueva política de desarrollo industrial debe formar parte de la agenda, ninguna nación desarrollada o economía emergente exitosa ha logrado alcanzar niveles superiores de actividad económica sin tener una industria de alto valor agregado sólida. En el caso de México existe una desindustrialización que refleja la erosión de un aparato productivo que conforma con comercializar y usar productos importados, algunos provenientes de países en donde el Estado ha aplicado una política de subsidios y promoción de la inversión.

De confirmarse la tendencia negativa de la actividad industrial se tendría la tercera desaceleración en los últimos 13 años, una inestabilidad que debilita las cadenas productivas, y es argumento suficiente para aplicar cambios al modelo económico.