Creer y hacer negocios en México

Los empresarios deben tener claro que el paradigma de las decisiones del nuevo gobierno no está en el campo de la razón, está en el campo de la consolidación de un poder político sin contrapesos.

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La facilidad para hacer negocios en México está estancada y la confianza en el país se encuentra en duda.

Creer antes de razonar se puede convertir en el nuevo paradigma en las decisiones de política pública.

En el último reporte del Doing Business, el Banco Mundial analiza la facilidad de hacer negocios en 190 países y ubica a México en el lugar 54. Esto representa una caída de una posición respecto a 2012, cuando el país se ubicó en el lugar 53.

Este estancamiento en la clasificación global se explica por un conjunto de claroscuros de los indicadores que se califican.

Los aspectos en los que se registraron los mayores retrocesos fueron: Manejo de permisos de construcción, con un retroceso de 50 lugares, al pasar del 43 al 93; la apertura de un negocio, con pérdida de 19 lugares (75 al 94); la resolución de bancarrotas, con 8 lugares menos (24 al 32); el pago de impuestos, con 7 lugares menos (109 al 116) y el comercio internacional, también con 7 lugares menos (59 al 66).

En los rubros donde México logró avances están: la facilidad para obtener el servicio de electricidad, con una mejora de 43 lugares (142 al 99); el cumplimiento de contratos, que subió 38 lugares (81 al 43); el registro de la propiedad, con mejora de 37 lugares (140 al 103) y obtener un crédito, con una mejora de 32 lugares (40 al 8).

Este estancamiento en la facilidad para hacer negocios se suma al estancamiento de la competitividad del país, que también permanece prácticamente igual que en 2012.

Lo preocupante es que en los próximos años no se vislumbra una mejoría, e incluso se podría esperar algunos retrocesos, ante un futuro gobierno federal con un corte más intervencionista y discrecional en la economía.

No olvidemos que países como Argentina, que ocupa el lugar 119 en la facilidad para hacer negocios, y Brasil, que está en el lugar 109, ya han pasado por este tipo de gobiernos y los resultados están a la vista.

En México, se acaba de marcar un hito que vulnera la confianza de los negocios en el país. El Presidente electo anunció la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y optó por la construcción de una terminal aérea en Santa Lucía. Para respaldar esta decisión, el Presidente electo y su partido político montaron una consulta a modo, con el fin de darle legitimidad a un proyecto sin sustento técnico ni económico.

Ciudadanosempresarios y especialistas articularon las razones por las que debería de continuar la obra del aeropuerto; sin embargo, el Presidente electo las desechó. Él se atrinchero en una decisión política por encima de una decisión técnica y apeló a su habilidad para hacer creer a sus seguidores en las bondades de cancelar la obra, sin importar los atentados a la razón, las falacias y las mentiras.

Los empresarios y la oposición política –hoy ausente– deben tener claro que el paradigma de las decisiones del nuevo gobierno no está en el campo de la razón, está en el campo de la consolidación de un poder político sin contrapesos, el cual dañará la facilidad de hacer negocios en México, y con ello las posibilidades de empleo y bienestar de la mayoría.