Los aranceles a las importaciones

A partir del 1/9/2019, el presidente de los EE. UU. impondrá un arancel del 10% sobre las importaciones chinas. La principal causa radica en un apoyo explícito a la producción nacional de ese país para que los productos chinos no desplacen en su preferencia a los productos nacionales. Pero la situación resulta aún más compleja, ya que la economía mundial ofrece la posibilidad de que algunos países compitan por los mercados de exportación a través de precios artificialmente inferiores.

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In this June, 19, 2018 photo, several ship to shore cranes stack shipping containers on-board the container ship Maersk Semarang at the Port of Savannah in Savannah, Ga. The Georgia Ports Authority reported Tuesday, July 30, 2019, that its ports at Savannah and Brunswick handled a record 37.5 million tons (34 million metric tons) of cargo in the 2019 fiscal year that ended June 30. That's a 4.2% increase over the previous year. A whopping 4.5 million container units of imports and exports were shipped through Savannah. (AP Photo/Stephen B. Morton)

Algunos países, a veces, proponen establecer aranceles a la importación para contrarrestar estas supuestas ventajas en materia de precios, ejerciendo presión para que otros países modifiquen sus políticas.

Pero quienes proponen estas medidas suelen no considerar que esas políticas arancelarias, además de perjudicar efectivamente a quienes están dirigidas, también presentan un elevado costo interno.

Lo sorprendente es que este perjuicio autoinfligido puede ser considerable, aunque los socios comerciales no tomen represalias imponiendo aranceles unilateralmente por su parte.

El Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias de la Organización Mundial del Comercio permite a un país aplicar un derecho compensatorio sobre las importaciones de una mercancía cuya producción se haya subvencionado.

Cualquiera sea el motivo, el discurso político constantemente se centra en medidas nacionales unilaterales de “mano dura” hacia los socios comerciales cuyos precios de exportación se perciben como artificialmente bajos.

Algunos ejemplos notables son la ley general de Comercio y Competitividad de Estados Unidos de 1988, adoptada tras un período extraordinario de fortalecimiento del dólar y aumento del déficit.

El discurso político constantemente se centra en medidas nacionales unilaterales de “mano dura” hacia los socios comerciales cuyos precios de exportación se perciben como artificialmente bajos.

Por supuesto, estas presiones no se limitan solamente a Estados Unidos, ya que actualmente producen trastornos en el comercio mundial.

El problema de esta estrategia origina que se abra la puerta para que las ramas de producción ejerzan presión sobre la base de criterios que suelen ser menos objetivos que una subvención financiera cuantificable.

Por otra parte, los aranceles presentan otra desventaja, aunque pueden traer cierto alivio a las ramas de la producción y a los trabajadores que compiten con las importaciones afectadas.

En ese contexto, se deduce que las mismas son contractivas, reducen el producto, la inversión y el empleo en el conjunto de la economía.

Entonces la demanda puede presentarse en las mercancías producidas internamente, aumentando los precios de las importaciones competitivas. Pero ¿no ayuda el arancel a aumentar el producto y el empleo y a ejercer una presión alcista positiva en la inflación?

Todo depende del contexto y la situación en que se encuentre el país.

Esta medida de aplicar aranceles a las importaciones puede favorecer la industria local, lo cual compite con ventajas contra los productos extranjeros, haciendo revalorizar más sus productos pero en esa cuestión la inflación estará presente y las consecuencias del proceso las termina asumiendo -erogaciones mediante- el cliente o consumidor final.


Miguel Knecht*
*Docente y exconcejal del PJ, expresidente de la Asociación de Defensa del Consumidor de Viedma