Banxico y la receta del poco crecimiento

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En recientes fechas Agustin Carstens, gobernador del Banco de México, anunció que no dudará en utilizar los medios de estabilización que tiene a su alcance para evitar que “algunos agentes en el mercado cambiario” aprovechen la volatilidad del tipo de cambio para obtener ganancias.

¿Cuáles son estas herramientas? ¿Cuál es el fondo teórico de la instrumentación de dichas medidas para frenar la volatilidad del tipo de cambio? ¿Cómo afecta al crecimiento?

Empezando por el esquema teórico, el Banco de México tiene el soporte delNuevo Consenso Macroeconómico, o NMC, que es un modelo que nace en los 90s como respuesta a los acuerdos formados por las dos escuelas de pensamiento que hasta ese entonces dictaban la política monetaria: los nuevos clásicos y los nuevos keynesianos. De acuerdo a sus similitudes teóricas, ambos grupos coincidían en que las dotaciones factoriales, la tecnología disponible y las preferencias de los consumidores son los determinantes últimos de los precios, cantidades de distribución del ingreso que observamos día a día en el mercado (Dvoskin, 2014).

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El NMC se presentó como un modelo más práctico que el modelo que planteara Hicks en los años 70s y que se volviera tan popular en las universidades en la época moderna, el IS-LM y sus distintas variantes. El modelo que surge del NCM permitía observar de manera más sencilla la influencia que tiene la política monetaria en el crecimiento económico, al pasar de un modelo de 64 ecuaciones a uno de 6 ecuaciones, lo que hacía que su estimación fuera mucho más sencilla.

Este modelo también supone que la estabilización de precios es un fenómeno monetario y que por ello su control radica en las tasas de interés. Con esto, el primer objetivo de la política monetaria pasa a ser el control de precios. Basado en el axioma de la racionalidad económica, contempla que la política monetaria estará construida de acuerdo a las expectativas de inflación que se tenga en una economía. Para la construcción de estas expectativas se contemplan dos variables fundamentales: la tasa de inflación pasada y la tasa de inflación esperada.

 

Aun cuando se tiene que las metas de inflación son un objetivo teórico generalizado, las economías contemplan distintos tipos de éstas. En general, se contempla que tengan una meta puntual o que tengan una meta con un cierto rango; en el caso particular mexicano, la inflación debe mantenerse en un 3% con un rango de +/- 1%.

Esencialmente el NCM propone dos herramientas para el control de los tipos de cambio, herramientas adoptadas por el Banco de México desde finales de 1994 adoptando un régimen monetario enfocado a mantener un tipo de cambio flexible. Los mecanismos son:

  • Aumentar o disminuir la tasa de interés de referencia.
  • Subastar o vender dólares haciendo uso de las Reservas internacionales.

Ahora bien, ¿cómo se describe el comportamiento de estos mecanismos en la situación actual? Ante la volatilidad cambiaria y ante lo que fue una sostenida depreciación del tipo cambio que llegó hasta los 19.70 pesos por dólar el mes pasado, el Banco de México tomó como medida aumentar la tasa de interés objetivo en 50 puntos base, situándola en 3.75%. Esta medida fue tomada por dos razones, la primera como una respuesta al anuncio de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) de aumentar sus tasas de interés y segunda, como instrumento para controlar la inflación que, de acuerdo al INEGI, aumentó de 2.13% a finales de 2015 a un 2.63% a principios de enero. Como segunda medida para apreciar el tipo de cambio y con ello mantener una inflación controlada, el Banco de México, de acuerdo a sus cifras, en los últimos 14 meses que intervino de forma regulada en el mercado cambiario ocupó 33,329 millones de las reservas.

Observamos hasta aquí que estos instrumentos, para mantener una apreciación cambiaria, responden a la teoría generada por el NMC: mantener tasas de interés altas y una gran cantidad de dólares en el mercado para mantener el tipo de cambio apreciado, y con ello, una inflación controlada que cumpla con sus metas establecidas. Todo parece indicar entonces que los instrumentos aplicados a controlar la inflación traen consigo una estabilidad económica.

Bueno, no todo es como parece…

Casi inmediatamente después del anuncio de un aumento de la tasa de interés objetivo, Banxico también redujo su perspectiva de crecimiento para este año, pasando de un rango de 2.5 – 3.5 % a 2 – 3%. El aumento de la tasa de interés no sólo supone un aumento de capitales extranjeros de rápida movilidad que permitan captar divisas y con ello apreciar el tipo de cambio, también supone un descenso en la cantidad de créditos otorgados en la economía.

Ante este descenso de la demanda de créditos provocado por un incremento de la tasa de interés, la economía se frena. Si hay un menor número de créditos otorgados, hay un menor número de proyectos productivos generados; si hay una caída gradual de estos proyectos y de las caídas de créditos para el consumo, la economía se vuelve a frenar. Si el consumo se reduce las empresas tienen menos incentivos para producir, si las empresas reducen su producción y costos que les permitan reducir sus pérdidas, toman como medida, en la mayoría de los casos, despedir trabajadores. Si despiden trabajadores, el consumo se detiene de nuevo debido al descenso de la capacidad adquisitiva de los agentes y, como podrá intuir, la economía se vuelve a frenar.

Este descenso del crecimiento hemos podido observarlo en la última década, en donde el crecimiento promedio ha sido de 1.9 % anual de acuerdo a datos del INEGI.

¿Ha tenido Banxico un mal desempeño?

No. El Banco de México ha cumplido con el mandato constitucional emitido por el Congreso de la Unión en 1993 en la ley correspondiente, que en su capítulo I, artículo 2, señala que: “El banco de México tendrá como objetivo prioritario procurar el poder adquisitivo de la moneda nacional”. Tarea que, por lo menos en la última década, ha cumplido de manera puntual.

El problema entonces no se vuelve de ejecución, sino de la instauración de un objetivo que no contempla otras variables como el empleo y el crecimiento económico. Por ejemplo, a diferencia de Banxico, la FED tiene como objetivo mantener no sólo una estabilidad de precios, sino también asegurar el máximo empleo de la población estadounidense.

Mantener estas herramientas como receta para controlar la inflación ha traído como consecuencia la apreciación de la moneda, sí, pero a costa de frenar el crecimiento, las exportaciones y el empleo.

Por último, y haciendo un poco de referencia a las teorías postkeynesianas, ante una panorama de bajo crecimiento, poco empleo y poca inflación, la solución no es un asunto del control de precios, sino de estímulo de la demanda.