Con Europa ahogada, Alemania busca aire en América latina

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Con muchos de sus vecinos europeos ahogados por la crisis, Alemania se vio obligada a redefinir su política exterior, con un especial énfasis en América latina. Según un plan aprobado ayer por el gobierno de Angela Merkel, el país se esforzará en el futuro por fortalecer las alianzas políticas, comerciales y culturales con países emergentes como Brasil, México y la India.

El alto crecimiento en estas zonas del mundo y su cada vez mayor peso político “obligan a las antiguas potencias a un cambio de perspectiva”, dijo ayer, después de la firma del nuevo plan, el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, el principal promotor de la iniciativa.

El nuevo enfoque surge en momentos en que la crisis en Europa parece estar lejos de ser un recuerdo, y ante la amenaza de un derrumbe de la demanda de los países de la eurozona. Ayer, la Oficina Federal de Estadística reveló que las exportaciones alemanas cayeron un 4,3% en el último trimestre de 2011, principalmente por la menor demanda de los países del bloque.

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Frente a esta situación, Alemania se planteó el reto de encontrar nuevos aliados entre los países que más crecen. Se trata de un desafío principalmente económico, pero que, como es costumbre en este país, también tendrá implicancias políticas y culturales.

El esfuerzo de la locomotora europea de ampliar sus horizontes, por ejemplo, se refleja en el aumento de horas de transmisión de la cadena pública alemana Deutsche Welle, cuya programación en español para América latina pasó de dos a 20 horas esta semana, con la clara intención de ofrecer a la región información fresca sobre política y actualidad, pero también sobre la cultura y el deporte alemanes.

La búsqueda de nuevos socios también puede estar motivada, quizá, por algo de hartazgo ante a la convulsa situación en muchos países europeos. La cada vez más probable quiebra de Grecia genera impaciencia en Alemania, el mayor contribuyente a su rescate. El diario financiero alemán Handelsblatt calculó ayer que un default griego le costaría a cada ciudadano alemán 475 euros.

Ante este panoramal, Westerwelle presentó ayer a la prensa el nuevo proyecto, titulado “Reestructurar la globalización, construir nuevas relaciones, compartir las responsabilidades”. El plan defiende la necesidad de encontrar nuevos socios frente a los grandes desafíos de nuestra época: el cambio climático y la seguridad alimentaria, que serán también temas de la próxima cumbre del G-20, que se celebrará en México.

“Algunos de estos lugares se convirtieron en importantes centros de influencia política y cultural, se comprometieron en esta responsabilidad y piden, con razón, un mayor derecho de participación en la política internacional”, dijo Westerwelle.

“Los países emergentes, en particular los de América latina, participan cada vez más en la organización del nuevo orden mundial”, subrayó el ministro alemán, que añadió que esto “obliga a las antiguas potencias a un cambio de perspectiva”.

“El emerger de algunos no significa que los otros se sumergen”, matizó, al reivindicar el papel de Alemania como potencia mundial.

Se esforzó, además, en argumentar que el Estado de bienestar no está en juego en Alemania, y que las “nuevas amistades” no afectan a los tradicionales aliados de Alemania.

Según explicó Westerwelle, no hay una lista precisa de las nuevas potencias debido a que “la situación cambia muy rápidamente”. Sin embargo, además de toda América latina -con particular atención para Brasil, México y Colombia-, habló de Rusia, Egipto, Vietnam e Indonesia. Todos ellos tienen en común el hecho de que gozan de un buen crecimiento económico, aspiran a una mayor importancia política y ya son líderes en su región.

Entres los puntos principales del nuevo “concepto” se defienden también nuevos acuerdos comerciales por las materias primas.

“El gobierno se compromete en la construcción de nuevos acuerdos en temas de energía y materias primas como por ejemplo con Kazakhstán”, se lee en el texto, en referencia a la polémica iniciativa de Merkel de estrechar acuerdos comerciales con un país cuestionado por temas de derechos humanos.