Contagios Comerciales

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Con el reciente brote mortal de E. coli esparcido por Alemania y Suecia, las primeras acusaciones del origen de la bacteria no se hicieron esperar: estaba en pepinos orgánicos provenientes de España, según algunos funcionarios de Hamburgo quienes, más tarde, tuvieron que retractarse ya que dicha mercancía había sido empacada en Alemania y distribuida en países donde no había casos de la epidemia como Austria, República Checa, Dinamarca, Hungría, Luxemburgo y en la propia España.

Debido a las pérdidas millonarias en el sector hortofrutícola, España pidió a la Unión Europea algún tipo de indemnización tras las acusaciones “precipitadas y sin fundamento” de Alemania, mismas que desembocaron en el ofrecimiento de 210 millones de euros que fueron calificados por productores afectados como insuficientes.

No es la primera vez que, en aras de “proteger” a su población, algún gobierno emite declaraciones o, preocupantemente, normas, para disminuir o prohibir el ingreso de ciertas mercancías a su territorio y que veladamente buscan favorecer a su producción nacional.

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¿Estamos frente a una nueva forma de dar batallas comerciales?

Tan sólo hace unos años, México sufrió este tipo de embates con el virus de la influenza, que en un principio se denominó como Mexican flu y desembocó en medidas del gobierno chino —y de otros países— encaminadas a restringir la importación de productos porcícolas de la nación.

Aunque dicho ejemplo es simbólico, existen un gran número de casos con Estados Unidos, principal socio comercial de México: desde la larga controversia del atún —que tras 20 años tendrá una solución favorable para el país— hasta las sospechas de salmonella en jitomates y chiles jalapeños mexicanos pasando por disputas sobre el plomo en algunos dulces como el Pulparindo, o bien, sobre la pasteurización de los quesos mexicanos en Estados Unidos.

Dichas políticas proteccionistas están prohibidas en el marco de la Organización Mundial del Comercio y del resto de los acuerdos comerciales y, por tanto, existen medios de defensa para los afectados.

No obstante, es notable que los Estados se están inclinando por argumentar objetivos legítimos (salud humana, animal o vegetal, medio ambiente, seguridad nacional o protección al consumidor) a sabiendas de que no podrán defenderlos en paneles internacionales, pero que en el corto plazo restringen o inhiben las importaciones en beneficio de sus productores, cambiando el desarrollo del mercado e, incluso, modificando irreversiblemente los intercambios comerciales.

Como señala Juan Gervás: “el miedo, hábilmente administrado, es peor que la enfermedad” y ese precisamente parece ser el nuevo factor que detonará las controversias comerciales que se suscitarán en los próximos años.

Ante medidas cada vez más transparentes y una opacidad mucho más atacable en materia arancelaria, los gobiernos tenderán a otras barreras, es decir, a esgrimir fórmulas como las alarmas sanitarias para distorsionar los mercados a favor de sus intereses.

Sin duda, Estados Unidos es el país que más fomenta entre sus habitantes el “patriotismo comercial” entre otras medidas proteccionistas, pero México deberá prepararse ante posibles “guerras comerciales” con éste y otros países ya que, como dice Sun Tzu: “toda guerra está basada en el engaño” y debemos creer y recordarle a los demás que, como señalaba Aristóteles, “la guerra está llena de falsas alarmas.”