El Tratado de Libre Comercio en Perú pone en riesgo a su industria y bajan las exportaciones

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Entre la Base Aérea de El Callao y los exclusivos barrios de Lima, San Isidro y Miraflores, uno queda fascinado con dos cosas, que sin embargo se contraponen: la insuperable belleza de la capital peruana y las dimensiones de los almacenes de reconocidas firmas estadounidenses que se ven desde el transporte junto con franquicias de comida rápida y casinos, muchismos casinos, que dejan ver una sociedad polarizada ante el riesgo que el Tratado de Libre Comercio pone a su capacidad industrial instalada.

Lima en el centro de la atención económica por dos días, es lo que aquí la prensa repite ante la reunión con los países árabes. Meses atrás, la atención la tenía la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que al igual que lo hizo Colombia, se suscribió tras una negociación bilateral que es profundamente respetada desde el Ecuador, pero no por ello deja de ser motivo de reflexión.

Perú tendrá este año un crecimiento de 5,9 % en su Producto Interno Bruto, lo que lo ubica en la tercera casilla de las estimaciones para América Latina y El Caribe, según revela un estudio de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal), y sigue la tendencia de toda la región de crecer en medio de la crisis europea. La planificación del Gobierno peruano apunta a un desarrollo sostenido y nuevos indicadores dan fuerza a la idea que pondera el mercado, como eje que articula el bienestar.

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Con fronteras abiertas hacia Estados Unidos, serán urgentes las acciones que impulsen un salto cualitativo en la industria peruana, un realidad que se sigue percibiendo lejana.

Algunas cifras: el nivel de empleo pleno con un salario adecuado es el 10% de los trabajadores que gozan de un trabajo estable en este país. El desempleo afecta al 8,2% de la Población Económicamente Activa de Lima.

138.000 personas tienen un empleo adecuado en una capital de cerca de ocho millones de personas, frente a los 388.000 desempleados que reportaba en marzo el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática del Perú.

En esta misma capital, el salario promedia los 506 dólares mensuales y el gobierno planifica un incentivo financiero para créditos hipotecarios a jóvenes, el sector con menor número de empleos adecuados y acceso a estudios superiores no universitarios, que se concentra en personas mayores de 45 años.

Algunas alertas debieran señalar al TLC como una situación de constante preocupación para la economía peruana. Por ejemplo, en junio de este año se vivió el tercer mes consecutivo de retroceso en las exportaciones. En ese mes las consignas cayeron 18%, según aduanas, luego de que en abril y mayo también descendieran las exportaciones 11 y 14% respectivamente.

En seis meses Perú ha vendido 18.000 millones de dólares al exterior, cuando la meta original de inicios de año era lograr los 49.000 millones al terminar el 2012, una cifra que aparece ahora lejos de llegar a ser realidad.

En ese mismo sentido, cabe reseñar la alarma de Luis Salazar, presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, que dijo a la prensa local que el sector textil esta gravemente afectado por la crisis europea. Sin embargo, se dice que las materias primas no sufren en sus exportaciones. El TLC es así: se vende algodón para comprar camisas.

En ocho meses, Perú importó casi 124.000 vehículos nuevos, reporta la asociación del ramo, un incremento respecto al 2011 de 32,5%. Toyota, Hyundai, Chevrolet y Kia son las marcas mas vendidas en el país del Rímac, un país que desde sus cuentas nacionales maneja más de 61.000 millones de dólares en bancos en el exterior.

El incremento del comercio interno se refleja en los 18.000 millones de dólares recaudados de impuestos hasta septiembre, huelga pensar que la capacidad industrial instalada sufre por bajas ventas en el exterior, y compite con una voraz ola del importaciones. El modelo beneficia a los comerciantes, y pone en riesgo a los productores y a los trabajadores.

El comercio es la industria del consumo, se piensa al pagar el equivalente a 5 dólares por un capuccino grande en un Starbucks de Lima y la pregunta sobre este espejismo de la economía es si alcanza para todos.