Empresas brasileñas tropiezan en Argentina

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Las restricciones a las importaciones, el freno al giro de dividendos, el desdoblamiento cambiario, la debilidad de las instituciones y regulaciones y las diferencias cada vez más nítidas entre las economías de ambos países son algunas de las razones por las cuales los grupos brasileños en Argentina atraviesan por el peor momento desde que cruzaron la frontera para hacerse fuertes también en el mercado local.

A los problemas de la minera Vale para continuar con su megainversión en la provincia de Mendoza, ciudad fronteriza de Argentina con Chile, se le suman los de Petrobras que quiere irse del país; los del holding ferroviario ALL, que le puso cartel de venta a sus operaciones locales, y los de Brasil Foods que viene perdiendo dinero por el cambio de políticas agropecuarias. Lo mismo le sucede a JBS, procesador de carne animal, cuya participación quedó reducida a una sola planta en el país.

También se puede sumar el grupo Camargo Correa. Su cementera, Loma Negra, se ve afectada por el derrumbe inmobiliario; y su textil Alpargatas, el año pasado debió cerrar temporalmente alguna de sus plantas por la caída en las ventas y la falta de stock. Otro con negocios resentidos es el Grupo Odebebrecht que está construyendo para Vale la planta en Mendoza.

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Es de esperar que este panorama sea abordado durante la cumbre de las presidentas Cristina Fernández y Dilma Rousseff el jueves próximo.

Fuentes de grupos de Brasil reconocieron que el caso Vale desencadenó reclamos del resto de las compañías ante las autoridades.

El director de la consultora abeceb.com, Dante Cica, coincide con el diagnóstico, aunque hace una salvedad en el caso de Petrobras. “Los problemas de los grupos brasileños están más vinculados a las políticas del gobierno argentino que a escenarios internacionales. Salvo en el caso de Petrobras que quiere desinvertir en el mundo para concentrarse en Brasil”, explicó.

La petrolera estatal de todos modos tropezó internamente con el cambio del rumbo económico y del mercado petrolero, con la devaluación del peso y el congelamiento de los precios. Ahora negocia vender el resto de sus activos al empresario argentino Cristóbal López. El mismo que le compró 330 estaciones de servicio y una refinería.

Tanto este caso como el de Vale igualmente reflejan el escenario negativo para conglomerados brasileños que en la década del 90 llevaron a cabo una verdadera invasión comercial en la Argentina. Según el Centro de Estudios para la Producción (CEP), el dinero brasileño en Argentina fue a parar a petróleo y gas; alimentos y bebidas; construcción; acero; petroquímica; automotriz y autopartes; comercio; bancos energía eléctrica y transporte.

Segun Cica el actual momento no frenará de todos modos nuevas inversiones. “Hay muchas que están llegando porque los activos argentinos siguen siendo baratos en términos relativos”.

 

Aseguró que al igual que Vale, el resto de los grupos brasileños trata de preservar el capital ante la imposibilidad de girar divisas al exterior. Y también sabe de los reclamos de los hombres de negocios Brasil, como los de Vale que piden exención de tributos y un reajuste del tipo de cambio, mayor a la paridad oficial dólar-peso para retomar las inversiones. Dicen que la cotización recibida por los dólares que ingresan a Argentina está desfasada porque el oficial sigue planchado mientras la inflación avanza. Esto, se quejan, genera una fuerte suba de costos.

Las fuentes brasileñas mencionaron que han puesto mucho dinero en la Argentina como para irse. Pero las trabas de las políticas locales hacen dudar sobre futuras inversiones. Llevan invertidos más de 10,000 millones de dólares en Argentina en la última década y media, crearon miles de puestos de trabajo y desarrollaron un intercambio bilateral más fuerte.

Otros hicieron referencia a los problemas de infraestructura y a la escasez de energía. Cualquiera sea el problema, todos se terminan traduciendo en freno a nuevas inversiones. Por caso, entre enero y diciembre del 2012 sólo destinaron 350 millones de dólares a sus filiales argentinas, una caída de 61.2% con respecto al 2011, según datos del Banco Central de Brasil.