México y Estados Unidos aprobaron edificar y operar su primera aduana compartida, la cual se ubicará en el actual proyecto del nuevo Cruce Internacional de Otay II-Otay Mesa East, en los límites de Tijuana, Baja California, y San Diego, California.
“En vez de que tengamos una aduana del lado mexicano y otra del lado estadounidense, tendríamos una sola instalación con unificación de procesos y sistemas”, refirió Ricardo Treviño, titular de la Administración General de Aduanas (AGA).
Este nuevo acuerdo ocurre después de que ambos países autorizaron que funcionarios aduanales de México y Estados Unidos comenzarán a realizar conjuntamente preinscripciones y revisiones previas de personas y mercancías en el tránsito bilateral, aunque desde las aduanas de cada uno de ellos.
Treviño dijo que la aduana compartida permitirá hacer un mismo uso de oficinas, procesos y sistemas, además de que se analiza la posibilidad de que sea la primera en el mundo que tenga carriles reversibles, cambiando el sentido de los mismos dependiendo el volumen de la carga, ya sea de norte a sur o de sur a norte.
Se escogió a Otay porque es el segundo cruce fronterizo más grande de carga, detrás de Nuevo Laredo, y porque cuenta con los espacios para diseñar una infraestructura adecuada al proyecto.
El tráfico fronterizo la región de San Diego-Baja California propicia un costo a los dos países de 7,200 millones de dólares en la producción económica y más de 62,000 empleos al año, de acuerdo con estimaciones del gobierno de California.
Avance aduanal
Treviño añadió que otro proyecto crítico será la aduana que se ubicará en el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde se planea hacer una “aduana modelo” y donde ya se están definiendo los espacios y los procesos para tener un despacho más ágil.
En unos semanas más se anunciará oficialmente que en las aduanas de Laredo y Nuevo Laredo comenzarán a operar conjuntamente los agentes aduanales de ambos países, los estadounidenses incluso con armas, como se convino bilateralmente.
“México, Estados Unidos y Canadá deberán vigilar la protección de información y sistemas donde el crimen organizado tenga un interés estratégico, evitar ataques a objetivos económicos o infraestructuras compartidas y desarrollar una capacidad de protección, inteligencia y contraataque que nos permita protegernos contra enemigos comunes”, refirió Sergio Alcocer, subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
