Fue por la oposición férrea del sector privado, en especial del Consejo Mexicano de Comercio Exterior, que preside Valentín Diez Morodo, que no se firmó un Tratado de Libre Comercio con Brasil antes de que terminara el gobierno de Lula Da Silva en diciembre de 2010.
El propio Lula cuando participó en la pasada convención bancaria en marzo pasado, aseguró que lucharía para que se firmara el TLC con México por las ventajas que tendría para los dos países. Mientras que la Secretaría de Economía destaca el éxito del acuerdo de complementación que se firmó en el sector automotriz y que permitió incrementar el comercio bilateral.
Sin embargo, y pese a las presiones de la Secretaría de Economía y del gobierno brasileño, el sector privado se ha opuesto al TLC por las trabas no arancelarias que enfrentan las empresas mexicanas que participan en el mercado brasileño.
No hubo que esperar mucho tiempo para comprobar que el sector privado tenía razones más que fundadas en oponerse a un TLC con Brasil, porque el gobierno de Dilma Rousseff inició el año con la amenaza de romper el acuerdo automotriz porque en 2011, en el periodo de enero a noviembre, la exportación de autos mexicanos a Brasil creció 40% con un valor superior a 2 mil millones de dólares y México registró un superávit de 129.1 millones de dólares en la balanza comercial con Brasil que no se había registrado desde 1996.
Ante el crecimiento de las importaciones automotrices, la prensa brasileña aseguró que Rousseff amenazó con romper el acuerdo automotriz y aplicar aranceles a los autos mexicanos. El presidente Calderón habló con Rousseff el viernes pasado y se acordó que una delegación mexicana viajará a Brasil para analizar opciones de revisar el acuerdo automotriz buscando beneficios para los dos países como podrían ser aranceles a la importación de autos, pero una mayor apertura en tracto-camiones.
El problema es que el gobierno de Rousseff no cederá tan fácilmente como lo ha demostrado desde que iniciaron sus amenazas en el Foro Económico de Davos, y no duda en aplicar medidas proteccionistas a favor de sus industriales que se han visto afectados por su baja productividad.
Mexicana, sigue la
espera
Desafortunadamente para los más de ocho mil trabajadores de Mexicana de Aviación que confían plenamente en la posibilidad de que la aerolínea regrese al aire y en las promesas del juez Felipe Consuelo, la realidad es que el grupo MedAtlántica que encabeza Christian Cadena, vicepresidente de la cadena hotelera BlueBay sigue sin demostrar su solvencia económica.
Hay que recordar que MedAltántica no es un nuevo postor y que ya el año pasado no pudo reunir los recursos pero ahora regresa con nuevos inversionistas y supuestamente con un cheque de 415 millones de dólares que debería haber quedado en firme en un fideicomiso desde el jueves pasado.
Sin embargo, el juez Consuelo insiste en confiar en MedAltántica y en su promesa de que mañana martes están los recursos en firme. Es tal su optimismo que está dispuesto a otorgar una nueva prórroga al concurso mercantil en una decisión jurídicamente endeble porque ya de por sí la prórroga que vence el 10 de febrero ha sido cuestionada por expertos en concursos mercantiles, puesto que el proceso lleva más de un año.
Por lo que respecta a la SCT, el viernes se realizó la reunión con dos de los representantes de MedAltántica en las que participaron el secretario, Dionisio Pérez-Jácome y el subsecretario de Transporte, Felipe Duarte, para demostrarles a los trabajadores que el gobierno no pone trabas a la venta de Mexicana.
Falta no sólo demostrar la solvencia económica, sino también investigar la procedencia lícita de los recursos y a los potenciales inversionistas y que presenten su plan de negocios.
El colmo es que reapareció Ivan Barona quien supuestamente sigue interesado en comprar Mexicana y culpó a los medios de no haber reunido los recursos, porque dimos a conocer los problemas de su fondeador Michael Shamis con la justicia canadiense.
ZUCKERBERG, mil 600 MDD DE IMPUESTOS
A sus 27 años el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, no sólo será el billonario más rico del mundo, sino también el que más impuestos pague después de la colocación de la empresa en bolsa que es la más esperada en Wall Street.
