Qué es el TPP

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Los vientos de globalización soplan por todos los ámbitos y rincones del planeta, pero así como se encargan de hacerse notar con números concretos con los nuevos acuerdos que se firman día a día para agilizar el mercado con menos barreras tarifarias y facilidades para el comercio exterior, también por otro lado, y pareciera que se hace como una corriente ‘a contrario sensu’, se hacen presentes los que no quieren apertura alguna, tradición pura en contra del liberalismo económico.

Un candidato norteamericano a la Presidencia, al más alto rango político en una nación, prometiendo la construcción de un muro hasta de 10 pies de alto a lo largo de toda la frontera con México, y posiblemente hasta más alto si no lo quiere pagar ese país. Pero eso no es lo peor, al sentarse a la silla va a revisar todos los tratados que Estados Unidos haya hecho hasta la fecha, pues según él, históricamente le perjudican a su país. Asimismo, aumentará las tarifas arancelarias contrario al espíritu del Acuerdo Transpacífico, el TPP (Trans-Pacific Partnership, por sus siglas en inglés), en el que los doce países firmantes, incluyendo a Estados unidos, hablan de reducir y hasta eliminar tarifas impositivas, hasta de 18 mil tarifas a bienes manufacturados y a casi todos los productos del campo.

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Brasil, otro de los gigantes de América, se muestra temeroso de abrir sus mercados y apuesta más bien por una política proteccionista.

Por el lado de Europa, con problemas tan graves como la solidez de la Unión Europea pues uno o varios de sus miembros está considerando dejar tal bloque, tal como sucede con la Gran Bretaña; y no se diga, la oleada de migrantes que se han hecho presentes huyendo de los países del Medio Oriente en gran conflicto provocado por fuerzas terroristas como al–Qaeda e ISIS.

México sigue consistente y encabezando una serie de acuerdos y reformas (Datos recientes de The Economist) nos muestra que por encima de otros países ha realizado últimamente 44 tratados y 11 iniciativas de reforma, mucho más que cualquier otro país. Por tal actividad, el Banco Mundial ha categorizado a México como una de las más grandes economías abiertas, con un porcentaje de un gran 66% de su Producto Interno Bruto (exportaciones más importaciones), que comparado con el 26% de Brasil y un 42% de China se ve este país bastante por encima de estos últimos. Una de las reformas de más impacto realizadas por el Gobierno federal ha sido la energética, así como la desregulación de las telecomunicaciones, pero también la educativa, trastocando los grandes intereses personales y de grupo, encarcelando a los gurúes de la corrupción en algunas de esas áreas y logrando avanzar poco en su economía: un pobre 2 ó 3 % en los últimos treinta años.

Sin embargo, no se ha dormido en sus laureles, buscando renovar su economía y salir de su zona de confort, y después de veintidós años de antigüedad del Tratado del Libre Comercio (TELECAN-NAFTA), México ha lanzado Pro-México Global en los Estados de la República Mexicana y con oficinas y conexiones en todo el mundo.

La alianza para estos efectos se establece entre la academia (universidades y tecnológicos), sector empresarial (privado) y Gobiernos federal y estatal (oficial).

Lo último enunciado tiene un antecedente como lo es el Tratado del Libre Comercio creado en 1994 por los tres países firmantes como lo fueron Canadá, Estados Unidos y México, siendo este tratado como una catapulta económica para México, país que ahora se coloca como uno de las 15 mayores economías manufactureras en el mundo, además uno de los cinco mayores productores de carros (The Economist). Ciertamente que estamos bien conscientes de que la balanza está dispareja, y así lo pronosticaban los augureros de los desastres: al establecimiento de Tratado del Libre Comercio (TLC), las brechas entre los más ricos y los más pobres se abrirán más. Creemos no se podrá aspirar a ser del primer mundo, sin antes atender los grandes problemas sociales que padece este país, sobre todo en las regiones del sur de este país que tradicionalmente padecen extrema pobreza, lejos de los beneficios que ofrece el gigante del Norte con el éxito y boom de sus compañías maquiladoras.

En el panorama más reciente de la economía mundial está el Acuerdo Trans-Pacífico (TPP), apenas firmado el pasado 4 de febrero pasado y para ser ratificado por los doce integrantes hasta el 4 de febrero de 2018 por al menos el 50% de los mismos (seis países).

Entre sus objetivos y compromisos, además de promover el crecimiento de la economía, están la creación y retención de empleos, mejorar la innovación, productividad y competitividad; elevar los estándares de vida, reducir la pobreza entre los países firmantes y promover la transparencia, el buen gobierno y mejorar las leyes laborales y protección del medio ambiente. Entre otros compromisos están el agregar a este grupo a otras economías del orbe, pues consideran al acuerdo como afectando positivamente los tratados en productos, reglas de origen, remedios a los tratos, a las medidas sanitarias y fitosanitarias, dialogar sobre las barreras técnicas, tratos en los servicios, regular la propiedad intelectual, así como la procuración de un buen gobierno y políticas de competencia leal, en adición a la reducción a las tarifas incluidas en el acuerdo.

Los países que aparecen como firmantes son: Singapur, Brunei, Nueva Zelanda, Chile, Estados Unidos, Australia, Perú, Vietnam, Malasia, México, Canadá, y Japón.

En la contraparte aparece China y sus aliados, país que en el 2012 estuvo a punto de decidirse a ingresar al TPP, lo cual no sucedió pues aunque el ahorro en tasas impositivas a productos era significativo, por el solo hecho de que uno de los países miembros es Estados Unidos, y considerando además, lo expresado reiterativamente de que los países que por siglos han comercializado entre sí, son precisamente los países asiáticos. Cualquier otro es como un intruso. Asia para los asiáticos, haciendo un símil a la expresión muy americana de que América para los americanos.

Decisión soberana la de China, pero que quiebra con su propia tendencia hacia la globalización.

Ampliando en comentario sobre el ‘Dragón Chino’, éste está decidido a convertir a Latinoamérica en dos a cinco años, en uno de sus mejores aliados, tratarlo como su socio comercial, pugnando por que deje de ser el ‘patio trasero’ de los Estados Unidos, según la tan famosa doctrina Monroe. ¿Cómo? Pues mientras México incrementó sus tratos comerciales con los Estados Unidos (2012-2015) de $34 a $527 millones de millones, en el resto de Latinoamérica se redujeron los tratos comerciales en un monto de $14 millones de millones.

En el sector de los préstamos no se diga: el país asiático entre 2008 a 2012 ha prestado a países latinoamericanos, entre los que se encuentra Costa Rica, $80 millones de millones de dólares en condiciones altamente favorables al prestamista. La línea de crédito es de $10 millones de millones de dólares para obras de infraestructura. En el caso de Costa Rica, recibió en 2013 un préstamo de $400 millones para que mejorara su infraestructura. (Datos tomados del libro ‘La Industria Maquiladora en México: Una Historia de Éxito”, 2015, página 200, obra del autor de este artículo).

Post Scriptum

Los 12 países firmantes del TPP, ‘Trans–Pacific Partnership’, tienen bien claros sus objetivos económicos, entre los que deseamos que de verdad bajen los beneficios a los ciudadanos en cuanto a la creación de empleos, así como transparentar las acciones del Gobierno y mejorar las leyes laborales y del medio ambiente.

Sólo así se justifican en parte los tratados.

Si nos la pasamos criticando al Gobierno, ¡Malo!

Mejor apoyemos iniciativas como ésta y Pro México Global que apuestan por la globalización y que mejorarían los comercios internacionales.